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miércoles, 19 de octubre de 2011

El “juego del gallina” en la política neuquina


El “problema de la acción colectiva” se refiere al fracaso de los individuos para alcanzar un óptimo que combine sus intereses personales con el “común”, es decir que se alcance la cooperación social. Más allá de que, según el politólogo Axelrod en “La evolución de la cooperación”, los mismos individuos egoístas al enfrentarse sucesivamente en el mismo juego logran cooperar para llegar a un bienestar colectivo más eficiente (y ¡sin coacción!), la práctica cotidiana nos exhibe un alto contenido de acción individual.
Cabe aclarar que no tiene un sentido peyorativo dar cuenta del individualismo del ser humano, todos los somos, hasta la persona mejor intencionada del mundo.
Por ello, es interesante analizar las curiosidades que nos depara la práctica individualista del ser humano, particularmente en una de las actividades más apasionantes del hombre qua hombre… la política.
El marco teórico es el “Juego del Gallina” (o chicken game): el mismo evoca la escena de una película del mítico James Dean en el que corre una carrera de autos hacia un precipicio. El más gallardo de los contrincantes llegaba al borde, mientras que el que abandonaba antes era “el gallina” y quien perdía el juego, la plata y la chica (obvio). El juego, por lo tanto, consiste en “forzar” al otro al límite para que haga lo que uno quiere, mostrando la mayor fortaleza posible; en otras palabras a que coopere por default, ya que el primero mantuvo la reputación de duro, mientras que el otro abandonó la partida.
¿Cuál es el resultado concreto del juego? O bien, alguno de los dos se transforma en  “el gallina”, o el resultado es desastroso para los dos, ya que uno (y en el peor de los casos ¡ambos!) cae al precipicio.
En la política municipal neuquina sucedió algo parecido. Los principales miembros de la coalición  que, a duras penas, gestionó los recursos de la Municipalidad de Neuquén se vieron envueltos en un juego del gallina con desenlace perdidoso.
Darío Martinez, Mariano Mansilla y Martín Farizano creyeron qué, yendo cada uno por su lado, podrían obligar al otro a bajarse de sus aspiraciones, no porque tuvieran mayoría electoral propia sino porque sabían que ¡por separado ninguno podía ganar!
La estrategia consistió en mostrar fortaleza, y encuestas, para que el otro se bajara; no había beneficio alguno para cooperar ya que, aún perdiendo, cada uno reflexiona y especula, se mantendrían como referentes de sus fuerzas políticas e inculpables de la debacle coalicionista.
¿Qué le deparará el futuro a cada uno de ellos? Nadie lo sabe a ciencia cierta, sin embargo es lógico que pretendan seguir influyendo en la política local, dentro de sus propios espacios. El interrogante surge en torno a la viabilidad y factibilidad de una nueva “gran” coalición, maltrecha de la última experiencia. Pero esto último tiene que ver con otro juego.

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