lunes, 31 de octubre de 2011

Política en seis lecciones: temario

Próximamente se irán publicando posts muy cortos sobre algunos de los temas más relevantes para la política, y que debemos tener en cuenta para "leer" la realidad circundante.

Política en seis lecciones: lección 1 “generalidades”

Política en seis lecciones: lección 2 “origen”

Política en seis lecciones: lección 3 “modernidad”

Política en seis lecciones: lección 4 “el Estado (con mayúscula) y el poder”

Política en seis lecciones: lección 5 “las doctrinas”

Política en seis lecciones: lección 6 “políticos y proceso decisionario”

viernes, 28 de octubre de 2011

jueves, 27 de octubre de 2011

Apuntes de la actualidad neuquina

Se cumplieron los pronósticos a nivel nacional: Cristina Kirchner en primer lugar, en segundo lugar, y muy atrás, Hermes Binner. Cabe aclarar que no hay oposición cuando existe una sola opción ideológica, asimismo históricamente los segundos se diluyeron en nuevas ofertas. Veremos en esta oportunidad.

Respecto a la Ciudad de Neuquén, el triunfo de Horacio "Pechi" Quiroga fue contundente, ni el más conspicuo emepenista calculó la magnitud del triunfo. ¿Qué significa para el MPN? Que la ciudadanía no le dará un cheque en blanco al Partido que hasta ahora fue el Partido Dominante de la política neuquina; que repiquetean los estertores del triunfo de Soria en Río Negro como una advertencia para gestionar con más fuerza y a favor de la gente; y que el MPN no es un partido sin fisuras.

Hacia adentro de la oposición, el mensaje fue claro: "juntos sí, pero no revueltos", una coalición no es forma de gobernar si tiene muchas aristas de poder, así como tampoco si sólo mira hacia el "ombligo", es decir hacia sus intereses personales y sectoriales.

El corolario es que la ciudadanía acepta un liderazgo único, con un mensaje claro y dirigido a la solución concreta de los problemas de la Ciudad, y no la mera enunciación de principios voluntaristas, siendo que ya tiene demasiado con el gobierno nacional y provincial.

Reparar calles, mantener espacios verdes, no a las peleas intestinas que nadie entiende, contención social y, principalmente, un único interlocutor con intereses personales pero entendibles para la gente común.

Se terminó la experiencia coalicionista en su versión "democrática directa", se vuelve a la "democracia de liderazgos".

miércoles, 19 de octubre de 2011

El “juego del gallina” en la política neuquina


El “problema de la acción colectiva” se refiere al fracaso de los individuos para alcanzar un óptimo que combine sus intereses personales con el “común”, es decir que se alcance la cooperación social. Más allá de que, según el politólogo Axelrod en “La evolución de la cooperación”, los mismos individuos egoístas al enfrentarse sucesivamente en el mismo juego logran cooperar para llegar a un bienestar colectivo más eficiente (y ¡sin coacción!), la práctica cotidiana nos exhibe un alto contenido de acción individual.
Cabe aclarar que no tiene un sentido peyorativo dar cuenta del individualismo del ser humano, todos los somos, hasta la persona mejor intencionada del mundo.
Por ello, es interesante analizar las curiosidades que nos depara la práctica individualista del ser humano, particularmente en una de las actividades más apasionantes del hombre qua hombre… la política.
El marco teórico es el “Juego del Gallina” (o chicken game): el mismo evoca la escena de una película del mítico James Dean en el que corre una carrera de autos hacia un precipicio. El más gallardo de los contrincantes llegaba al borde, mientras que el que abandonaba antes era “el gallina” y quien perdía el juego, la plata y la chica (obvio). El juego, por lo tanto, consiste en “forzar” al otro al límite para que haga lo que uno quiere, mostrando la mayor fortaleza posible; en otras palabras a que coopere por default, ya que el primero mantuvo la reputación de duro, mientras que el otro abandonó la partida.
¿Cuál es el resultado concreto del juego? O bien, alguno de los dos se transforma en  “el gallina”, o el resultado es desastroso para los dos, ya que uno (y en el peor de los casos ¡ambos!) cae al precipicio.
En la política municipal neuquina sucedió algo parecido. Los principales miembros de la coalición  que, a duras penas, gestionó los recursos de la Municipalidad de Neuquén se vieron envueltos en un juego del gallina con desenlace perdidoso.
Darío Martinez, Mariano Mansilla y Martín Farizano creyeron qué, yendo cada uno por su lado, podrían obligar al otro a bajarse de sus aspiraciones, no porque tuvieran mayoría electoral propia sino porque sabían que ¡por separado ninguno podía ganar!
La estrategia consistió en mostrar fortaleza, y encuestas, para que el otro se bajara; no había beneficio alguno para cooperar ya que, aún perdiendo, cada uno reflexiona y especula, se mantendrían como referentes de sus fuerzas políticas e inculpables de la debacle coalicionista.
¿Qué le deparará el futuro a cada uno de ellos? Nadie lo sabe a ciencia cierta, sin embargo es lógico que pretendan seguir influyendo en la política local, dentro de sus propios espacios. El interrogante surge en torno a la viabilidad y factibilidad de una nueva “gran” coalición, maltrecha de la última experiencia. Pero esto último tiene que ver con otro juego.

sábado, 15 de octubre de 2011

Una enfermedad holandesa para Neuquén

La teoría económica ha hecho gala de bautizar un “síndrome” con la nacionalidad holandesa. El mismo se refiere a los efectos que produce el masivo ingreso de divisas provenientes de las exportaciones de alguna clase de commodities sobre las economías nacionales, como sucedió en Holanda durante los ‘60s cuando se descubrieron grandes yacimientos de gas natural. Y, a pesar que esta dilucidación hace hincapié en la revaluación de la moneda local, también nos instruye sobre sus secuelas en la producción de bienes y servicios.
Un síndrome, en clave médica, es un cuadro clínico, más bien un conjunto de síntomas y signos con variadas etiologías y orígenes, en ocasiones, confusos. Por lo tanto, es posible atreverse a usar tal diagnóstico para la economía neuquina, más allá de su impronta monetaria y cambiaria.
A los hechos me remito, la economía neuquina se ha especializado en la explotación y exportación de recursos naturales, convirtiéndose en la base de los ingresos del sector público y privado. La estructura resultante es extremadamente vulnerable a los oscilantes cambios en la demanda y los precios internacionales, como bien lo supo el ex gobernador de la Provincia, Felipe Sapag.
Más allá del coreado reclamo por los gastos estatales, la polución y contaminación de la actividad, así como los deseos voluntaristas de la diversificación productiva, el síndrome holandés incide sobre los bienes transables y no transables de la economía neuquina.  Esto es, la mejora de la rentabilidad del sector energético (bienes transables, o exportables) provoca la absorción de más recursos, entre ellos productos manufacturados locales, generándose un efecto desindustrializador y desalentador para cualquier otro tipo de iniciativa privada alternativa como podría ser, por ejemplo, la industria del software e incluso el turismo autóctono.
Por otro lado, también afecta la producción e ingresos de los bienes no transables (no exportables y que se consumen internamente, entre ellos los servicios), ya que el mayor ingreso proveniente de la actividad exportadora (gas y petróleo) eleva los precios de los bienes y servicios que se comercian en la economía local, en perjuicio de consumidores y actividades ajenas al aludido “boom” exportador. Esto alienta la producción, como el incremento de los precios, de bienes accesibles mayormente por los consumidores de la industria extractiva, citando como ejemplo aleccionador a la construcción.
Los anuncios de descubrimientos de mayores reservas de petróleo (no convencional) permiten una expansión, aún virtual, de la riqueza local aunque también un incremento de los precios de todos los bienes y servicios que se comercializan localmente, con grandes disparidades de consumo y estándares de vida, empeorando la distribución de los ingresos. Por consiguiente, se vigorizan los aspectos negativos del síndrome holandés.
Asimismo, la rimbombante “diversificación productiva” alentada por el Estado no llega a realizarse porque le falta aliento y capitales privados, mercado potencial y un horizonte productivo.
¿Se animará la actual administración a innovar en herramientas fiscales y legales que permitan contener los efectos de este síndrome? ¿O caeremos nuevamente en la eterna “diversificación de la matriz productiva” alentando dudosos emprendimientos financiados por el Estado?
Siendo que el síndrome holandés se convirtió para la Provincia en una “política” de ingresos permanente, una posibilidad podría ser una audaz y significativa rebaja (incluso eliminación) en los impuestos locales, o bien un agresivo “subsidio” sobre impuestos nacionales para todas las actividades productivas, promoviendo de esta forma la emergencia de ideas innovadoras, para estar a tono con la moda de homenajear al creativo fundador de Apple, Steve Jobs.